Por Roger Leonardo Calderón Casiano
Orwell (pg 56, 1980) escribía: “El que controla el pasado — decía el Slogan del Partido —, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado”. Y hoy controlan nuestro presente.
Orwell (pg 56, 1980) escribía: “El que controla el pasado — decía el Slogan del Partido —, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado”. Y hoy controlan nuestro presente.
La acción de un Dios, en la mitología griega, siempre fue cuestión de celebración entre los hombres. De esta deducción, vino hacía mí el recuerdo de la Diosa Afrodita. Esta diosa mencionada tenía únicamente, la labor de hacer el amor. Una vez, también se dice, quiso ser tejedora, y su hermana Palas la acusó y ésta fue castigada. Afrodita tuvo incontables amores a lo largo de su existencia, pero el que quiero traer a colación es aquel que fue público entre los dioses, y fue tan celebrado entre los hombres que hasta hoy ha persistido: Su aventura pasional con Ares (Seguí, 2007).
Hefesto estaba casado con Afrodita. Ésta había sido sido entregada al herrero del Olimpo por su padre Zeus, en un intercambio por Hera. Y, por lo tanto, Afrodita no estaba obligada a amarlo. Y así fue. Cuando Hefesto, el feo, se ausentaba, Afrodita, del amor libertadora, y Ares, dios de la guerra, se encamaban, para dejar al amor y la guerra, las pasiones más fuertes del hombre, coexistir secretamente en una armonía salvaje. Pero un día Helios, el que todo lo ve antes del crepúsculo, vislumbró el cuadro de ambos dioses amantes en el lecho de Hefesto y éste fue ante él corriendo, confirmando las infidelidades de su esposa, que tantos amoríos ya había tenido con otros dioses e incluso hombres. Hefesto, calmado, no hizo nada aventurado al escuchar lo que Helios aseveraba. Mas bien, fecundó en sus sienes un magnífico plan: el de construir unos hilos irrompibles, indisolubles, que ignorasen toda luz y fuesen, ante cualquier eterno y cualquier mortal, invisibles. Y así, el magnífico herrero, lo hizo. Sus acciones no vieron fin hasta dejar los hilos en el lecho, donde sus acciones por fin pararon. Lo que luego pasaría, sería la concertación del mito que tanto os he hablado. Ante la supuesta ida de Hefesto a Lemnos, Ares, el prepotente, llevo a Afrodita directo al lecho de ella y en plena acción de amor y guerra ambos quedaron atrapados y mostrados, como animales del zoológico, ante todos los dioses del Olimpo, deseando unos en ese momento ser Ares, y otros por el contrario, observando callados. Entonces, el espectáculo ya había nacido. Y el aedo Demódoco cantaba esto a quienes estaban en el palacio de Odiseo entre todos los mortales (Homero pg 158-160, 2002).
En estas nuevas épocas hemos visto como las mujeres a veces han parecido ser diseñadas para funcionar como entes dedicados al sexo, como si fuesen pequeñas hijas de Afrodita. Juzgar o no las decisiones de ellas, no es mi convicción; mas si lo es analizar a los nuevos ‘dioses’ que hemos creado, sin notarlo.
En uno de los periódicos más importantes de la nación peruana, el Comercio, se publicó la noticia de como Milett Figueroa, una mujer de la ‘farándula’ local, se había grabado en la intimidad de su alcoba, practicando el coito con cierto hombre. Y cómo luego, mucho tiempo después de aquel acto, el vídeo era comercializado por los hombres en recintos como ‘El Hueco’ (El comercio, 2015).
Así como Afrodita, pero sin el estatus de Diosa, Milett. Así como Ares, siendo solo un efímero mortal, aquel hombre desconocido. Y así como Demódoco, los absurdos aedos del nuevo milenio, los comerciantes de ‘El Hueco’.
En este punto es fácil ver que hemos vanagloriado a los seres humanos, sus pecados, aciertos y errores. Nos hemos hallado lánguidos en un mundo regido por la economía, sin fe alguna. Como Lyotard (pg 33- 49, 1987) nos daría a entender en su misiva a la historia universal, hemos roto con todas las grandes historias. Ante eso, nos hemos visto capaces de crear estos dioses modernos, cuyas pequeñas historias han alimentado nuestros más pérfidos sueños. Los hemos imaginado haciendo el amor; despojados de su humanidad, los hemos evocado como seres perfectos e inocuos. Y, hoy por hoy, esos mortales, tan efímeros como nosotros, ya no persistirán en los versos de un bardo; sino, serán eternos en las pantallas de una televisión.
“Allí se producían periódicos que no contenían más que informaciones deportivas, sucesos y astrología, noveluchas sensacionalistas, películas que rezumaban sexo y canciones sentimentales compuestas por medios exclusivamente mecánicos en una especie de calidoscopio llamado versificador. Había incluso una sección conocida en neolengua con el nombre de Pornosec, encargada de producir pornografía de clase ínfima y que era enviada en paquetes sellados que ningún miembro del Partido, aparte de los que trabajaban en la sección, podía abrir” Orwell (pg 65, 1980).
Orwell, en el libro, escribía de cómo se fabricaba un tipo de pornografía — y contenido de entretenimiento — para un cierto tipo de población llamada los proles. Al igual que éstos, el ser humano que hoy pulula por las calles de Lima consume un mismo tipo de entretenimiento, un mismo tipo de noticia que puede caer en el estereotipo de ‘Hedonista’. No obstante, este barro consciente ha elegido vivir, culturalmente, como el prole. Este animal erguido de dos piernas ha sido, en una pequeña parte, partícipe de su propia condena.
Referencias
El Comercio (2015) Milett Figueroa: vendedores ofrecen video en 'El Hueco’ Recuperado de: http://elcomercio.pe/tvmas/farandula/milett-figueroa-ofrecen-su-video-ilegalmente-hueco-noticia-1807934?ref=flujo_tags_516031&ft=nota_15&e=titulo
Homero (2002) La odisea (19a ed) Madrid, España: Cátedra.
Lyotard, J.F. (1987) La posmodernidad (explicada a los niños) (1a. ed.) Barcelona, España: Gedisa.
Lyotard, J.F. (1987) La posmodernidad (explicada a los niños) (1a. ed.) Barcelona, España: Gedisa.
Orwell, G. (1980) 1984.
Recuperado de http://blog.smaldone.com.ar/pdf/1984-bilingue.pdf
Recuperado de http://blog.smaldone.com.ar/pdf/1984-bilingue.pdf
Seguí, V. (2007) Los amores de Afrodita.
Recuperado de: https://seguicollar.wordpress.com/2007/06/04/los-amores-de-afrodita/
Recuperado de: https://seguicollar.wordpress.com/2007/06/04/los-amores-de-afrodita/
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